
Su soledad es tan inmensa que se confunde con sus aguas infinitas.
Nadie lo habita, ni lo surca; nadie lo llama, ni lo escucha, ni lo mira.
Vive desnudo como el alma, con su profunda inmensidad por compañía.
No hay bienvenidas en sus puertos; ni en sus obscuros malecones despedidas.
Tanto las playas que desea como las playas que abandona están vacías.
Mudas están sus caracolas, y ya no alumbran sus estrellas submarinas.
De los veleros que lo amaron apenas hay reminiscencias imprecisas.
La tierra ignora nuestras dudas y el firmamento nuestras largas agonías.
Sólo este mar que nos comprende puede medir la soledad de nuestras vidas.
Fragmento de Francisco Luis Bernárdez
3 comentarios:
¡Qué BONITO!! Cada palabra..es un canto a esa inmensidad que nos sobrecoge...
No lo conocia PRECIOSO!
BESOS
No conocía este lugar donde la paz, el sonido del mar y tu presencia lo envuelve todo dándole un aire místico y mágico.
No me atrevo a "airear" este hermoso lugar, ya que puede que sea tu refugio, tu "isla solitaria" donde vienes a recompenerte de las heridas, de las embestidas que nos da la vida.
Besos,
Juan Lucas.
Lluvia:
Claro que sí!
Saludos
Juan Lucas:
Si aluna vez me tengo que comparar con algo compárame con el mar.
Besos
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